en los orígenes del invento que subyugó como ningún otro al hombre del XIX para explicar cómo interpretó éste la aparición de la imagen fotográfica, cuál fue su naturaleza y cuál su finalidad.
Mª. Luisa Pedrós, Santa Cruz
Tras varios años de buscar en archivos y bibliotecas, Vega acaba de publicar en la editorial catalana CCG, El ojo en la mano. La mirada fotográfica del siglo XIX, un libro en el que defiende la tesis de que en sus orígenes la fotografía fue utilizada como "mera constatación de la realidad".
Para El ojo en la mano, explica en esta entrevista Carmelo Vega, retomó parte de su tesis doctoral para desarrollar más ampliamente la idea de que hasta que a principios del siglo XX se produce la irrupción del pictorialismo, el hombre utiliza la fotografía como un elemento de "acercamiento al mundo" sin interferencias.
"La fotografía pictorialista en la que el fotógrafo interviene y manipula, asume su carácter de artista que añade a la imagen su propia subjetividad yendo más allá de la realidad, es una postura tremendamente contemporánea", explica Vega. Un debate que en la actualidad se ha trasladado al terreno de la fotografía digital.
Pero por dónde iba la discusión en el XIX. La obra de Carmelo Vega intenta aclarar cuáles fueron los procesos de recepción e interpretación del invento, reubicar los conceptos utilizados para decidir si aquello era arte o un nuevo útil para la ciencia.
"Hay que situarse en los acontecimientos históricos que rodearon su aparición. La fotografía era algo nuevo que había de dotar de contenido. La reacción negativa que tuvieron frente a ella los artistas y los críticos se alimenta de esa incertidumbre", apunta Carmelo Vega, que recuerda que los contemporáneos de la invención "no tienen siquiera un léxico para referirse a ella".
"Al intentar explicarla hablan de dibujo, de grabado... No existe la palabra precisa para nombrarla, y después de ese proceso comienza el intento de desarrollar la experiencia teórica y estética", añade el autor de libros como La voz del fotógrafo y Fotografías y métodos históricos:dos textos para un debate.
La filosofía positivista jugó un papel trascendental en el proceso de recepción de la fotografía. "Era un elemento que por sus características propinas de detallismo e información permitía acercarse al mundo y conocerlo;un elemento que posteriormente te permite ordenar la realidad. Es una visión que sigue de cerca los principios del positivismo".
Pero la imagen también permite al hombre del XIX redescubrir el mundo. Es la época de los grandes viajes, de la aventura, de la búsqueda de los exótico y de otros mundos. El hombre del XIX toma la fotografía "como un instrumento de conocimiento del mundo, de redescubrimiento del lugar donde vive".
Pero ese volver a mirar el mundo a veces conlleva grandes decepciones. En estas páginas recuerda Carmelo Vega la decepción que sufrieron tanto Goethe como Jonh Flaxman al contemplar por primera vez el tamaño real de las ruinas de la vieja Roma. Ellos, que hasta entonces sólo habían conocido el legado del Imperio a través de los impresionantes grabados de Piranesi constatan a través de la fotografía que la realidad es otra.
"Se instaura la creencia de que se puede viajar a través de la fotografía, de que la fotografía no es una imagen de la realidad, sino la realidad en sí", de eso a creer que "si el fotógrafo ya estuvo allí, yo ya lo vi", hay un paso, que se da.
"Hoy puede parecer una actitud tonta, porque hoy llevamos la imagen dentro de nuestro código genético, conocemos el mundo por medio de las imágenes, pero esa postura se fragua en el XIX".
Para ese público, la fotografía no era "supuestamente veraz", era "veraz" a secas. "El público cree en la fotografía porque la considera una transferencia de la realidad, que no miente. No percibe aún que cuando el fotógrafo saca una fotografía, el resultado no es una fotografía del mundo, es un fragmento del mundo, que además está contaminado porque procede de una mirada subjetiva, en la que se contiene el bagaje del autor", explica Carmelo Vega.
Sin embargo, ya en sus inicios hubo quienes intentaron cuestionar esa supuesta veracidad incontestable, uno de esos personajes fue el fotógrafo francés Hippolitte Bayard, que a principios de los años 40 rompe los rígidos esquemas en que se pretendía encorsetar el nuevo invento.
Bayard, explica Carmelo Vega, se autorretrata como un cadáver. Esa decisión, que puede parecer una broma sin mayores consecuencias, rebate el discurso que relacionaba fotografía y veracidad y, de paso, "inaugura la ficción" en el terreno de la fotografía.
La ocurrencia del fotógrafo francés, que no tuvo ningún reparo en hablar de escenificación, demuestra tempranamente "ese estatuto frágil de la fotografía como documento incontestable".
Sin embargo, explica Carmelo Vega, los orígenes de la fotografía no fueron buscar un medio para plasmar la realidad sin fisuras. Su génesis fue crear "una alternativa ante la incapacidad para la expresión plástica".
Así, lo que realmente buscaban los inventores de la fotografía era "un sistema automático y mecánico para crear imágenes". Pero, aunque su finalidad fuera puramente funcional, "eso no puede ser visto como argumento para justificar que el resultado no era arte porque era un proceso gestado a través de una máquina".
Esa teoría va a marcar uno de los grandes debates del XIXen torno a la fotografía. "Los inventores que se movían en esa línea buscaban crear una cámara oscura capaz de hacer por sí misma lo que ellos no eran capaces de ejecutar con su mano".
Pero la propia historia de la fotografía se ha dotado de argumentos contrarios a esa postura. "La cámara es un instrumento, que documenta, informa y reproduce, pero también es representación del mundo y creación porque detrás de cada imagen hay una mirada".
Carmelo Vega defiende que la corta y a la vez intensa historia de la fotografía debe ser interpretada en el contexto que se produce. Sólo así es posible entender toda su riqueza y vitalidad. Una historia que el autor de El ojo en la mano divide en tres posturas:"La fotografía del XIX es una mano que toca todo y lo ve todo;la del XX es una mano que modifica todo".
La del recién abierto XXI se dibuja en el horizonte como la pugna entre partidarios de la fotografía dialógica y partidarios de la fotografía digital.