No todas los objetivos fotográficos optan por atrapar paisajes bellos o retratos. La cámara del lanzaroteño Germán Páez busca por los campos canarios todo tipo de estructuras agrarias abandonadas para mostrarlas, a veces sin referencias de situación, a los espectadores en lo que es un homenaje al Land of art americano. El arte exhausto busca el punto de vista del artista como referente.
Ha sido en largos paseos por Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura que el artista conejero Germán Páez se ha ido encontrando con lo que muestra en sus fotografías, expuestas hasta fin de mes en el Espacio Borges Salas de la capital tinerfeña bajo el título de Land of art en Canarias, haciendo referencia a lo que los americanos hacían en las décadas 60 y 70 cuando descontextualizaban viejos restos industriales.
Páez le ha dado a esta corriente artística una vuelta de tuerca porque en el Archipiélago resulta difícil encontrar restos industriales “pero muy fácil tropezarse con viejas construcciones y mecanismos agrarios”. En su opinión, es la decisión del artista de poner ante los ojos del espectador lo que se encuentra por el mundo desperdigado lo que a veces hace de cualquier cosa algo susceptible de ser expuesto. Anquilosadas acequias, antiguos muros agrarios y hasta bloques de construcción abandonados tan cerca de una escultura que parecen competir con ella, protagonizan las fotos, casi todas en blanco y negro, de Land of art en Canarias.
Arqueología agraria catalogada y recreada: ese es el punto de interés del trabajo creativo de Germán Páez, licenciado en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna. Esos restos de lo que un día sirvió para labores agrícolas son para él “hermosas esculturas integradas en la naturaleza”. Considera que el abandono las embellece aún más. Un antiguo depósito de agua o una casa vieja deshabitada a los que a veces Páez quita su horizonte “creando un no lugar porque esas estructuras, al carecer de fondo, parecen estar en ninguna parte”. Por ver belleza, este artista conejero la ve hasta en esas líneas de tiza que se proyectan en los solares para luego construir encima de ellas. “Son dibujos, pero en ese caso plasmarlos en fotos conlleva ironía”. No es para menos, pues una de las fotos de la muestra enseña, en una misma imagen, una atarjea abandonada al fondo y los movimientos para la construcción de nuevos apartamentos en primer plano. Vieja y nueva economía.
Una canalización para alcantarilla, para Páez, puede equivaler a una escultura, siempre que él lo vea suficientemente integrado en su entorno. Puro land art americano, pero en las islas, donde no faltan ni salinas abandonadas ni bloques de cemento en igual estado. Páez, en sus fotografías, les añade cierto aire de irrealidad.
Páez reconoce con humor que, como las obras objeto de sus fotografías están realizadas por personas anónimas y él se las apropia para su homenaje al Land of art, “alguien podría acusarme de caradura”, pero “tener la idea de algo, sacarle partido, ver lo que otros no ven, ahí está el mérito, sobre todo si te pasas años investigando, como he hecho; es una cosa tan seria como ponerse a pintar”. También reconoce que estas posturas parten un poco de cierto agotamiento que está experimentando el ámbito de las artes. “Ahora mismo, el discurso artístico es totalmente personal, hay muchas tendencias, internet, el ciberarte, se está produciendo mucha obra de arte anónima mediante colectivos que no se conocen entre sí y trabajan una obra común por Internet, sin autoría clara y definida, pero, realmente, tendencias artísticas no hay, cada uno sigue su discurso personal, a veces con uso amplio de la más moderna de las tecnologías.